Mujer, ternura y fortaleza
sentimiento y lucha
En tus manos gira el mundo
en tu cuerpo el cansancio y el dolor
cuando eres maltratada, mal pagada
cargando en tus espaldas la misma jornada a mitad de salario.
Y sigues dando sonrisas a los retoños de tu vientre
luchadora incansable, mujer valiente
que no te roben la memoria
ni tu orgullo de persona
que no te roben la vida
ni el sustento de tu familia
PARA TI Y POR TI, A MI MADRE.
Querida mama, como te echo de menos ya han pasado tres años, y no pasa día que no me acuerde ti, de cómo eras, te marchaste si pero no en mi, aquí siempre estarás, de día estas presente y en mis sueños me acompañas muchas noches.
Que puedo decir de ti, que fuiste una mujer luchadora, sencilla, muy sencilla si, pero muy señora, repartías tu amor entre tus hijos, que siempre nos sentimos afortunados de tenerte como madre.
Tú, la que fuiste mi luz primera
Tu que al temor me hiciste fuerte,
Tú, la que me enseñaste a amar
Tú, quien se desvelo por mí,
Tú, la que no podías estar sin hacer nada,
Tu, la que siempre estarás a mi lado,
Tu, que ligada estas a mis sueños,
con rostro alegre y dolor callado.
Tú, para quien ya no tengo tiempo,
Hoy que al fin aprendí como hablarte
También aprendí a llorar callada.
Gracias madre por los años que compartimos juntas, siempre me resultaron pocos, por que todavía te necesito, se que tu estas arriba y desde allí me sigues cuidando como siempre lo hiciste, yo quise cuidarte cuando tu me necesitabas, pero tengo la sensación que no hice suficiente ,comparado con lo que recibí de ti.
Hoy siento, que no te dije lo suficiente te quiero madre.
SAN FRANCISCO JAVIER
LA PENSADORA DEL AURA
Nacer sin pasado, sin nada previo a que referirse, y poder entonces verlo todo, sentirlo, como deben sentir la aurora las hojas que reciben el rocío; abrir los ojos a la luz sonriendo; bendecir la mañana, el alma, la vida recibida, la vida ¡qué hermosura! No siendo nada o apenas nada por qué no sonreír al universo, al día que avanza, aceptar el tiempo como un regalo espléndido, un regalo de un Dios que nos sabe, que nuestro secreto, nuestra inanidad y no le importa, que no nos guarda rencor por no ser...
...Y como estoy libre de ese ser, que creía tener, viviré simplemente, soltaré esa imagen que tenía de mí misma, puesto que a nada corresponde y todas, cualquier obligación, de las que vienen de ser yo, o del querer serlo.
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